Cuando no se actúa contra la timidez, una de las múltiples caras que asume es el miedo, lo que provoca que la inseguridad ante otras personas se haga cada vez más fuerte.
Los expertos aconsejan analizar cuáles son las situaciones o individuos que con mayor frecuencia desatan nuestra timidez, y enfrentarlos lo antes posible, aunque de forma paulatina.
Cuando te veas “cara a cara” con estas personas o ambientes, procura relajarte, respirar con profundidad y lentitud y armarte de coraje, para hacerles frente poco a poco, paso a paso.
Ello requiere al principio un gran esfuerzo y autocontrol, pero los resultados –más seguridad, autoestima y confianza en uno mismo- se ven muy pronto y animan a seguir adelante.
Estas son algunas de las “pruebas de fuego” con que mayor frecuencia se topan las personas tímidas, más tarde o temprano, en algún momento de su vida, así como las recomendaciones de los expertos para salir airoso de ellas:
- Un trabajo nuevo: Eres el recién llegado. Todas las miradas se centran en ti y debes presentarte a un montón de desconocidos: tus futuros jefes y compañeros de trabajo.
Procura actuar con naturalidad y en lugar de “hablar hasta por los codos” para intentar disimular tu desasosiego, presta atención a los demás y lo que dicen. De esa manera irás conociendo a “tu nueva gente”. Si haces gala de amabilidad, discreción, respeto y educación, y dices lo que piensas, pronto te integrarás en el equipo.
- Una charla en público: Has concluido el proyecto que tanto te entusiasmaba y ahora ha llegado la hora de presentarlo ante tus superiores, que estarán escuchándote y observándote atentamente y cómodamente sentados, mientras a ti te tiemblan las piernas mientras te diriges al auditorio.
Practica el discurso ante el espejo o algunos amigos de confianza, hasta que sientas seguridad. Confía en ti mismo: nadie conoce mejor que tú el tema sobre el cual vas a hablar, porque has trabajado en su elaboración.
- Una pregunta a un desconocido: Estás buscando una calle o una tienda desde hace mucho tiempo y das vueltas y más vueltas, pero prefieres seguir “confiando en los dioses” o en tu intuición para llegar a tu destino, en vez de pasar por el suplicio de preguntarle a alguien a quien no conoces.
Piensa que todos necesitamos la ayuda de los demás en algún momento, incluso la persona a la cual te vas a dirigir. Lánzate a preguntar sin temor, porque seguramente te responderán con amabilidad. Te sorprendería saber cuánta gente está deseando tener la oportunidad de ser útil a los demás. Después agradece la atención que te han dado.
- Dar tu propia opinión: Tienes muchas cosas que decir y consideras que tus puntos de vista son muy interesantes, pero te quedas callada y no se los expresas a tus amigos o conocidos. Incluso te das cuenta de que tu aporte a la conversación podría ser valioso, pero aún así prefieres seguir refugiándote en el silencio. Te dices “otra vez será…”, pero sabes que no es cierto.
En vez de guardarte tus comentarios y opiniones, ¡participa! Y únete a la discusión. No solo será enriquecedor y positivo para ti, que verás reforzada tu autoestima, sino para tus interlocutores, que valorarán tus puntos de vista y los tendrán en cuenta.
Enfrentar a la timidez
miércoles, 6 de mayo de 2009
en 6.5.09
Etiquetas: control mental, Salud
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