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Ondas de radiofrecuencia y la modificación del comportamiento humano

domingo, 10 de mayo de 2009

Afectan básicamente al cerebro, no dejan huella y por tanto no se puede acusar a quienes las usan de los daños que producen pero son numerosas las patentes y las investigaciones secretas que están aflorando a la luz revelando una lamentable realidad que muy poca gente conoce: las llamadas armas psicotrónicas son una realidad. De hecho más de 400 personas de medio mundo se han agrupado en una asociación que asegura aglutinar a víctimas de esos dispositivos, aparatos que pueden llevar incluso a la muerte a quienes son blanco de ellos y que algunos quieren utilizar discretamente para deshacerse de personas incómodas para los grupos de poder.


La existencia de armas psicotrónicas nos devuelve a lo más oscuro de las investigaciones acerca del cerebro y de los efectos de las radiaciones sobre seres humanos, a experimentos llevados a cabo con enfermos psiquiátricos, con reclusos e incluso con meditadores en prestigiosas instituciones estadounidenses como el Instituto Tecnológico de Massachussets o la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Stanford (California). En ambas se confirmaría –tras infinitas pruebas- el fundamento cuántico de que el ser humano es un organismo electromagnético cuyo funcionamiento se puede alterar mediante señales de ondas a frecuencias determinadas. Esto es fácil de entender para quien, por ejemplo, haya utilizado dispositivos como el Quantum-SCIO que si bien envían frecuencias armonizadoras tienen también un uso del “lado oscuro” desconocido para la mayoría. Y es que según Louise Doswald-Beck -abogada especialista en Derecho Internacional y miembro de la División Jurídica del Comité Internacional de la Cruz Roja- y Gerald Cauderay -asesor industrial y científico de la embajada suiza en Moscú (Rusia) y que en el citado comité se encarga de asuntos relacionados con el señalamiento y la identificación de las unidades y los medios de transporte médico protegidos- “pequeñas dosis de energía electromagnética pueden alterar el funcionamiento de las células” (así puede leerse en un informe sobre nuevas armas publicado por ellos en el Boletín de la Cruz Roja del 1 de noviembre de 1990). Conocido este dato no le extrañará a nadie saber que quienes anticiparon el peligro potencial del uso de armas de ondas fueran precisamente físicos; y más concretamente los físicos atómicos abanderados de la mecánica cuántica, por entonces de los pocos en disposición de comprender las inabarcables implicaciones que tiene saber que el ser humano es un ente electromagnético y sus emociones, pensamientos y pasiones pueden “traducirse” a frecuencias y potencias, es decir, cuantificarlas, “parametrizarlas”. De ahí que los servicios secretos de algunos gobiernos interesados en saber si ese conocimiento podía ser utilizado civil y militarmente pusieran a trabajar en ello a neurólogos, psiquiatras y psicólogos.
La doctora Elisabeth Rauscher -física nuclear que dirigía el Laboratorio de Investigación Tecnológico de San Leandro en California (Estados Unidos)- es una de las que por ejemplo llevó a cabo concienzudas investigaciones sobre las posibilidades de las ondas ELF (siglas en inglés de extremadamente baja frecuencia) y consiguió encontrar frecuencias específicas que permiten inducir a distancia en alguien tanto náuseas como un estado de euforia. Fueron tales sus hallazgos que llegó a afirmar: "Si se me dieran suficientes fondos, en tres meses sería capaz de modificar el comportamiento del 80% de los habitantes de esta ciudad sin que lo sepan. Podría hacer que fueran felices o -al menos que se creyeran felices- o hacerlos agresivos". Quizás al lector le parezca una afirmación enormemente pretenciosa pero ya en diciembre de 1965 el doctor David Krech -de la Universidad de Berkeley en California (Estados Unidos)- había afirmado en un artículo publicado en The New York Times que “los investigadores deben plantearse ya la posibilidad de que sus estudios les lleven a conseguir controlar las mentes de los seres humanos. Creo que no me paso de melodramático: las posibilidades futuras de tomar el control de una mente conllevan mucho más peligro que las capacidades que puedan llegar a tener los físicos nucleares”.
Que fue escuchado es obvio: pocos años después inconfesables investigaciones dieron lugar a lo que dio en llamarse armas no letales. Apenas veinte años después de ese artículo de Krech, en 1984, el capitán Paul Tyler -médico de la marina norteamericana responsable de la investigación sobre los efectos de las radiaciones en humanos- reconocía en el Centro Universitario para la Doctrina Aeroespacial sito en Alabama (EEUU) que "se podían alcanzar efectos biológicos precisos con la ayuda de ondas electromagnéticas”. Es más, Tyler dijo que habían identificado ya esas ondas pero que para poder usarlas de forma operativa tenían que solucionar el problema de cómo transmitirlas con la potencia suficiente (por supuesto ondas ELF).
Añadiremos que la División de Armas Avanzadas de Estados Unidos fue adscrita a una agencia ultrasecreta, DARPA, que por cierto tiene sus instalaciones en el estado de Virginia, muy cerca de la universidad en la que un estudiante coreano llamado Cho Seung-hui llevó a cabo en abril del 2007 una inexplicable matanza. Asimismo se sabe que también se investigó con las microondas en el Centro Militar de Investigación Walter Reed de Washington (Estados Unidos) dentro del llamado Proyecto Pandora. Pues bien, el director del DARPA durante el Proyecto Pandora fue Richard Cesaro -personaje que trabajó cuarenta años en ese campo para la Marina y la NSA, agencia especializada en telecomunicaciones y espionaje- y terminó haciendo público sus objetivos: “Para conseguir un salto tecnológico en el campo militar hay que ir más allá de las bombas y llegar a controlar las mentes de los enemigos”, afirmaría. Añadiendo: “La posibilidad de ejercer cierto grado de control sobre el comportamiento humano mediante microondas de baja intensidad es, a la luz de nuestras investigaciones, algo razonable”. Por lo que instó a continuar las investigaciones. Obviamente el hecho de que estemos hablando de proyectos ultrasecretos hace que las investigaciones puedan en realidad estar más avanzadas de lo confesado. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de las evidencias que hoy se tienen del desarrollo logrado proceden casi exclusivamente del antiguo bloque comunista ya que cuando cayó ese régimen muchos archivos secretos salieron a la luz.

ATAQUES CON ONDAS
Ahora bien, no son sólo las posibilidades de las ELF (ondas de extremadamente baja frecuencia) las que se han investigado. También se han estudiado las EHF (siglas en inglés de las ondas de extremadamente alta frecuencia) porque tienen una característica importante: operan en línea recta y pueden dirigirse hacia objetivos muy concretos en lugar de hacerlo sobre zonas más amplias. El investigador Joe Vials publicaría en New Dawn Magazine un artículo en que explicaría que las microondas pueden dirigirse hacia un blanco concreto gracias a un sistema llamado Magnetrón merced al cual los electrones que se producen por calentamiento en un tubo catódico pueden ser dirigidos luego hacia un punto determinado combinando un campo eléctrico y uno magnético. Solo sabemos que se trata de un cilindro hueco cuyo exterior se rodea con emisoras de bario y de óxido de estroncio y que dispuesto concéntricamente en torno a él hay un amplio cilindro de corriente anódica que contiene un gran número de cavidades de resonancia sobre la superficie. El caso es que cuando se pone en macha el Magnetrón produce una corriente eléctrica radiante entre el ánodo y el cátodo mientras el campo magnético es estimulado por el cátodo. El dispositivo se sella en un espacio al vacío. Y auque su potencia está limitada por el tamaño del Magnetrón utilizado las investigaciones ponen de manifiesto que el más potente puede producir una corriente de microondas de más de ¡diez millones de vatios por pulsación! Y que el rayo de microondas que emite puede concentrarse de la misma forma que una lente fotográfica; puede hacerlo pues incluso sobre un punto infinitesimal.
Agregaremos que el primer ataque confirmado con armas psicotrónicas tuvo lugar en 1953 y lo perpetraron los soviéticos atacando con ondas electromagnéticas de baja frecuencia la embajada norteamericana en Moscú (Rusia). Poco antes el Gobierno ruso, en plena guerra fría, se había reunido con el norteamericano para intentar parar la carrera armamentística en lo que a las armas electromagnéticas se refiere pero su ofrecimiento fue rechazado así que éstos decidieron atacar la delegación estadounidense con ellas. ¿El resultado? Varios empleados enfermaron gravemente, muriendo algunos de ellos. Incluido el embajador, Walter Stoessel, cuyos ojos enrojecieron llamativamente y murió a causa de cáncer, concretamente de un linfoma. Como es obvio, las autoridades norteamericanas dijeron ignorar ese ataque durante años pero existe la fundada sospecha de que lo permitieron para investigar los efectos de esas radiaciones. La prueba está en que Henry Kissinger escribió un informe secreto en los años setenta en el que se ofreció una indemnización a los empleados que lo sufrieron.
Años más tarde, en 1976, el Comité del Senado de Derechos Constitucionales publicaría un escrito titulado Estudios de armas de microondas de los soviéticos incluido en el apartado Tecnologías para el control-vigilancia que a su vez citaba lo publicado en Federal Times el 13 de diciembre de ese mismo año. Pues bien, en la página 1.280 se puede leer que “la oficina de inteligencia del Ministerio de Defensa ha publicado un estudio sobre los avances de los soviéticos en el-ámbito de las armas de microondas. Las microondas se usan en el radar, en la televisión y en los hornos microondas. Pueden causar desorientación e infartos en seres humanos. Otro efecto biológico que puede lograrse es crear voces. Es posible transmitir sonidos y palabras para que se escuchen intracranealmente mediante la modulación de señales a una densidad media muy baja. Los avances logrados por los comunistas pueden llevarles a desarrollar un sistema que les permita incidir en el comportamiento del personal de la embajada”.
Tres años después de la publicación de este escrito, en el marco de una conferencia que se dictó en la sede de la Organización de Naciones Unidas (ONU), los soviéticos darían su visión sobre las microondas e, incluso, proporcionarían una lista de armas de destrucción basadas en ellas describiendo su funcionamiento: “Las armas electromagnéticas –reconocerían públicamente- operan en cierto rango de radiofrecuencias y pueden causar daños en los organismos humanos”. Más tarde se sabría -a través del editorial de Pravda del 27 enero de 1986, como recoge un documental de la BBC- que “los soviéticos habían desarrollado rayos, microondas, infrasonidos y armas genéticas que, en términos de su capacidad destructiva, podían no ser inferiores a las existentes en la actualidad”.
El tiempo confirmaría que todo lo dicho era verdad pues tras la caída del régimen soviético aparecieron hasta 44 publicaciones sobre este tipo de armas. En Estados Unidos los avances en este campo se justificaron hasta entonces por la necesidad de contrarrestar los descubrimientos soviéticos pero tras la caída de la URSS tales armas no dejaron de investigarse; sólo se modificó la justificación. Ahora eran necesarias para controlar a los “enemigos internos”. En otras palabras, decidieron usarse -aprovechando que no dejan huella y por tanto no se puede culpar a nadie de sus efectos- contra “las personas que pusieran en peligro la Seguridad Nacional”. Y parece que son muchas y en todo el mundo. Salvo que se esté utilizando de cobayas a miles de personas en todo el mundo simplemente para perfeccionarlas. Porque, insistimos, no dejan huella. Bueno, quizás el extraño aumento de personas “psicóticas” que cada vez en mayor número tienen que atender los psiquiatras sin que éstos sepan la realidad de las causas de tales “patologías”.
Sólo que muchas de las víctimas sí lo saben. Parte, de hecho, ha llegado a conocerse y hoy se agrupa en la Federación Mundial de Víctimas de Armas de Control Mental. Alfredo Nieto, informático español, es uno de ellos. “En general somos personas que por una u otra razón molestamos en el grupo social en el que estamos. Me consta que hay una red global secreta basada en nanomáquinas que espía el comportamiento de mucha gente y puede influir en sus emociones. Con seguimientos que implican a veces la participación de helicópteros”.
Los miembros de esta organización están de hecho convencidos de que tales armas explican la aparición inexplicable desde hace años de enfermedades fulminantes en muchas personas sanas –inducen sobre todo cáncer al poder alterar gravemente las células-, incluidos conocidos disidentes.
Louis Slesin, director de la revista Microwave (Microonda), sabe que todo ello es posible: “Dado que el cuerpo humano es básicamente un organismo electromagnético -explica- los aparatos que causen interrupción en sus impulsos eléctricos pueden afectar su conducta y su salud. Pero esos programas son tan secretos que los militares no hablan de nada concerniente a ello”.
El catedrático de Filología francés Rudy Andria está convencido por ejemplo de haber sido víctima de esas armas tras tener problemas físicos cuyas causas los médicos no fueron capaces de detectar. “Al principio no sabía por qué sufría dolor de cabeza, vértigos, diarrea, sensación de calor intenso dentro del cuerpo, alternancia de sensaciones de calor y frío, privación de sueño, dolores musculares, calambres en las piernas... pero luego descubrí que hay personas con los mismos síntomas que yo. Somos víctimas de lo que podríamos llamar crímenes electromagnéticos. El problema es que ningún médico quiere informarse. Todos optar por considerarlo un mero problema psiquiátrico”.
Bueno, pues según la mencionada federación de víctimas serían ya entre 100.000 y medio millón de personas en el mundo las que habrían sufrido o sufren agresiones con armas psicotrónicas. Solo que, ¿cómo va eso a ser posible? Según ellos porque tales armas están dirigidas desde satélites cuando no instaladas en ellos. Una afirmación que apoyaría el hecho de que hoy día hay centenares de satélites en funcionamiento que mueven billones de dólares en contratos con compañías privadas. Siendo la principal entidad que los gestiona la National Reconnaissance Office (NRO), una institución que fue secreta hasta 1992 y en la que desembocarían todos los programas negros de investigación; es decir, aquellos que escapan al control judicial y parlamentario de los estados. Y es que como dijo hace tiempo un científico ruso “quien controla el espacio electromagnético controla el mundo”. De ahí la carrera espacial.

TECNOLOGÍAS DIRECCIONABLES

Suponemos que el lector se preguntará a estas alturas cómo es posible que las armas psicotrónicas dañen a unas personas y no a las que están al lado. Y la respuesta, como ya adelantamos, es que las modernas armas de este tipo son direccionables, siendo hoy su grado de precisión extraordinario. Algo que lleva a la persona atacada a una agobiante sensación de aislamiento pues las personas de su entorno no le creen cuando cuenta lo que le está pasando.
Es más, se sabe que los investigadores al servicio de estos programas ultrasecretos han avanzado mucho en el ámbito del sonido, que no deja de ser otra onda pero potencialmente inaudible cuando se emite en una frecuencia inferior a la que capta el ser humano. De hecho en la declaración leída en la ONU en 1979 a la que aludimos antes los soviéticos hacían especial hincapié en los sonidos no detectables por el ser humano afirmando que “la variación de sonidos infrasónicos puede ocasionar daños en el sistema nervioso y el cerebro”.
Claro que en este terreno los norteamericanos no se quedaron atrás y de hecho desarrollaron un sonido por encima del grado de frecuencia audible por nuestro oído. Por si lo duda: “El sonido hipersónico se usa -cuenta el US Lab Test en un artículo titulado Sonido hipersónico para uso no letal- para incapacitar a los enemigos. Y es direccionable. Causa desorientación, dolor y náuseas”. Para obtenerlo el Ejército norteamericano trabajó con la patente de un inventor alemán llamado Hans Raida que combinaba alta potencia y baja frecuencia con un potente haz de sonido. Tecnología por cierto –según se afirma en círculos diplomáticos- que actualmente estaría utilizando Israel contra las guerrillas urbanas de Hamás y Hezbolá. Cabe añadir que son muchos los investigadores que han comprobado ya que cuando las neuronas reciben unas dosis de electricidad determinadas sus propiedades eléctricas cambian en la misma forma en la que actúa la memoria. “Uno de los experimentos –cuenta el investigador George Seffens en Defense News al hablar de las nuevas tácticas de guerra urbana- incluye el uso de sonidos que mutan a altos decibelios mientras se amplían los sonidos en las más típicos rangos de la voz o de la transmisión de radio”.

VOCES EN EL CEREBRO

Otro paso más lo supone la posibilidad de crear “voces” en el cerebro. En este sentido Thomas Jensen -del Rush Presbyterian St. Luke’s Medical Center (Missouri, Estados Unidos)- comprobaría que “milésimas de segundo antes de pronunciar una palabra el cerebro emite unas ondas determinadas para esa palabra. Y esas ondas son exactamente las mismas de una persona a otra”. Este dato hizo que Richad Clark -de la Universidad Flinders de Australia del Sur- propusiera el uso de redes neuronales de ordenadores para “reconocer los patrones de aprendizaje de conceptos en los campos eléctricos de la mente. “La CIA –afirma Gary Selden en su artículo Máquinas que leen mentes- ha estudiado sin duda los campos eléctricos u ondas que la mente emite después de haber aprendido algo. Con monitores remotos sería el sueño del espionaje”. Edward Hoffman -subdirector del Instituto Psiquiátrico de Yale (Connecticut, Estados Unidos)- sostiene por su parte que se pueden destruir las voces que “oyen” los esquizofrénicos mediante simples pulsos magnéticos. Y un grupo de neurocientíficos del Caltech (Instituto Tecnológico de California, Estados Unidos) afirma que las intenciones pueden ser leídas directamente midiendo la actividad eléctrica en el córtex parietal. Para comprobarlo en una de sus investigaciones insertaron cables en esa zona de la cabeza a un grupo de monos y grabaron la actividad eléctrica neuronal que aparecía poco antes de que éstos tocaran el cursor para recibir la recompensa. Seguidamente cambiaron las recompensas y las grabaron de nuevo. De esa manera pudieron anticipar qué recompensa iban a elegir: bastaba ver la actividad neuronal que se producía previamente a su acción.
Giorgio Ganis y Stephen Kosslyn -de la Universidad de Harvard en Massachusetts (EEUU)- han constatado además que las mentiras bien organizadas requieren la activación de distintas partes del cerebro y altas dosis de concentración. De hecho comprobaron las diferencias cerebrales que hay entre una mentira espontánea y una elaborada.
Agregaremos que el investigador francés Denis Le Bihan -director de la Unidad de Imaginería Neuroanatómica Funcional de la Comisaría de la Energía Atómica de Francia- afirmaría en la revista Nature del 22 de enero de 1998: “Casi podemos leer los pensamientos”.
¿Meros descubrimientos sin aplicaciones prácticas? Pues si lo piensa sepa que la patente norteamericana 3.951.134 de 1976 –está a nombre de un tal Malech (Robert G., de Nueva York)- describe “un aparato y método para monitorear y alterar el comportamiento de las ondas cerebrales de un sujeto desde una posición alejada mediante señales electromagnéticas de diferentes frecuencias de manera que unas intercedan con las otras para conformar una onda de forma que modula las ondas cerebrales del sujeto en cuestión. Esa interferencia en la onda cerebral será retransmitida por el cerebro del sujeto al receptor que la modulará y ampliará a su antojo”.
Y es que lo que hasta ahora se achacaba a “conspiranoicos” está pasando a formar parte de los medios de comunicación que suelen normalmente dar fe sólo de las versiones oficiales. Un ejemplo cercano: el pasado 10 de febrero el diario español Público contaba que un grupo de científicos australianos había conseguido “leer los pensamientos de unos voluntarios”. Concretamente habían constatado que la decisión de tomar un tipo de bebida u otro se podía saber midiendo simplemente la actividad cerebral en la corteza prefrontal del cerebro mediante una luz infrarroja. Claro que, como antes se explicó, los propios científicos han reconocido que hoy es habitual usar monos –muy parecidos a los humanos- para estudiar en ellos los efectos biológicos de las microondas, incluso las altamente concentradas.
Y si esta práctica de por sí puede sobrepasar los límites éticos todavía lo hace más si tenemos en cuenta que esos experimentos han sido realizados también con humanos. Se tiene constancia por ejemplo de que investigaciones similares se han llevado a cabo en Estados Unidos en el Hospital de Kansas City en Missouri, en la Universidad de Rochester de Nueva York, en los centros Brooks Airforce Space de San Antonio (Texas), en el Johns Hopkins de Baltimore (Maryland), en el Instituto Tecnológico de Massachussets, en la Universidad de Pennsylvania y en otros laboratorios. Incluso en España. De hecho una de las mayores autoridades en la materia es un español, el neurofisiólogo José Manuel Rodríguez Delgado, cuyo envidiable currículo incluye una etapa de docencia de más de veinte años en la Universidad de Yale (Connecticut, EEUU) y que es autor de un conocido experimento en el que un toro de lidia con unos electrodos en la cabeza escapa repentinamente del capote rojo al que se dirigía… pero que también ha experimentado con humanos. En una ocasión, por ejemplo, irradió a cuatro personas con microondas y según explicaría eso les provocó muy diferentes emociones, sensaciones y visiones. Llegando por ello a hacer afirmaciones como que “estas armas son más dañinas que una bomba nuclear”, que “con conocimiento del cerebro podemos transformar, manipular, dirigir o robotizar seres humanos” y que “el principal problema en el futuro será que se robotice a seres humanos sin que se den cuenta de ello”. Y lo dice con conocimiento de causa ya que entre muchos otros inventos el doctor Rodríguez Delgado es responsable del desarrollo de un emisor cerebral que sirve para dirigir a distancia seres humanos como robots. “En el futuro –afirma- podríamos llegar a gobernar de manera inteligente y razonable la fuente de todas las actividades humanas". Otro de sus experimentos consistió en investigar “los ciclos de sueño de los astronautas” según publicó el New York Post el 22 de marzo de 1967.
Terminamos diciendo que un equipo de científicos del Instituto de Descubrimientos del Cerebro y el Comportamiento de la Facultad de Medicina de Georgia (Estados Unidos) dirigido por el doctor Joe Z. Tsien afirmó el pasado 2008 que habían conseguido “borrar” la memoria de un grupo de ratones.

RADIACIONES A CUENTA DEL GOBIERNO

Y no olvidemos al doctor Ewen Cameron, presidente de la Asociación de Psiquiatras Americanos y Canadienses durante largos años y director del Allen Memorial Psychiatric Institute en Montreal (fundado en 1943 con fondos de la Fundación Rockefeller para desarrollar el proyecto de control mental Monarca, una rama más -al igual que el Proyecto Pandora- del famoso MK Ultra ) cuyas investigaciones financió la CIA a través de la Fundación Cornell para el estudio de la ecología humana. Porque su equipo consiguió la anulación sistemática de la mente de un ser humano o de su memoria empleando para ello sobredosis de LSD, barbitúricos que le hacían permanecer 56 días seguidos dormido o terapias de electroshock superiores 75 veces a la dosis recomendada. Cameron comprobó que un adecuado condicionamiento psíquico –concretamente la repetición de un mensaje veinticuatro horas al día- conseguía programar una mente previamente vaciada. Unas investigaciones que bien pudieron ser el origen de las torturas de Guantánamo (Cuba) y Abu Ghraib (Iraq) en las que se utilizó la privación sensorial y la repetición ad náuseam de canciones (por ejemplo de Bruce Springsteen que se quejó por razones éticas alegando violación de sus derechos de autor). Claro que las barbaridades cometidas por psiquiatras en nombre de la ciencia podrían llenar una enciclopedia.
Otro ejemplo significativo es el del psicólogo, neurocientífico y profesor universitario en la Laurentian University de Ontario (Canadá) Michael Persinger quien investigó los efectos de las radiaciones electromagnéticas sobre el cerebro para un programa de armas del Pentágono. Persinger perfeccionó los métodos para realizar experimentos de inducción de experiencias subjetivas como -por mencionar algunas- hacer creer a alguien que fue abducido por extraterrestres o que tuvo encuentros con ángeles o con el mismo Dios. Para ello empleaba un casco de motocicleta modificado con realidad virtual que enviaba señales electromagnéticas a la parte delantera del cerebro. Su conclusión fue que “la experiencia humana de Dios puede ser generada mediante procesos que no tienen nada que ver con que Dios exista o no”. Persinger publicó el estudio en 1995 con el título Sobre la posibilidad de acceder directamente a cada cerebro humano mediante inducción electromagnética de algoritmos fundamentales y en él se podía leer, por ejemplo, que “un proceso ligado a la temperatura del cerebro puede permitir afectar a todos los cerebros humanos normales por medio de una frecuencia subarmónica cuya variación a 10 hertzios sería de sólo 0.1 hertzios”; que “las variaciones del ruido dentro de la matriz pueden servir para distinguir entre distintos cerebros. Variaciones al azar del ruido pueden diferenciar entre las mentes de diferentes individuos. En otras palabras, cada individuo puede ser identificado en función de los característicos outputs de su cerebro” o que “la identificación de estas secuencias puede permitir llegar directamente a las más complejas funciones cognitivas asociadas a la personalidad, la conciencia humana y la agregación de representaciones de experiencias”. Es decir, que Persinger está hablando de la capacidad para modificar la conciencia de un individuo, su personalidad o su memoria (agregando recuerdos falsos)… mediante ondas electromagnéticas. La posibilidad de “crear terroristas” a base de torturas y ondas se desprende asimismo de las palabras de este afamado científico que ha aparecido en algunos documentales recientes del televisivo Canal Historia y que sostiene que los procesos mentales pueden ser engañados enviando esta des-información directamente al cerebro. El principio sobre el que se basa para hacer tal afirmación es que la duplicación sintética de la red neuroeléctrica del cerebro generada por los sensores a un estímulo real que excita ese proceso puede producir la experiencia de ese estímulo sin la presencia del mismo. Es decir, un engaño a la mente. Lo que propone el doctor Persinger es que, virtualmente, cualquier estado mental puede ser generado artificialmente desde una fuente exterior. Y lo más aterrador es que los medios para conseguirlo existen ya y son operativos a nivel global. “Los niveles paralelos de potencia para estas amplitudes –explica Persinger- son similares a los que utilizan las señales de radio y los sistemas de telecomunicaciones. En las pasadas dos décadas el potencial para realizar esto se ha desarrollado tanto que lo improbable ya puede ser factible”.
En suma, todas estas evidencias llevan al convencimiento de que hoy se puedan crear asesinos dirigidos por control remoto mediante voces en su cerebro emitidas por su “controlador”. Timothy McVeigh, autor de la matanza de Oklahoma (Estados Unidos) en 1995, decía que el Ejército le había implantado un chip en sus nalgas. El asesino de Robert Kennedy, Sirhan Sirhan, aseguraría no recordar nada de lo que ocurrió el día del asesinato. Y el de John Lennon, Mark Chapman, afirmó que “oía voces”. También en los años 80 y 90 del siglo pasado se hizo famoso Theodore John Kaczynski, un profesor de Matemáticas norteamericano que mató a tres personas e hirió a otras veintitrés enviándoles bombas y que pasó a la historia con el apodo de Unabomber. Lo que poca gente sabía es que a finales de los años 50 ese hombre había sido estudiado por el doctor Henry A. Murray, un psicólogo de la ya mencionada Universidad de Harvard (Massachussets) al servicio de las OSS (Office of Strategic Services), organización que dio lugar a la CIA. Hoy se sabe que Kaczynski participó durante tres años -sin su consentimiento- en un experimento universitario que implicaba tormentos, humillaciones y bombardeo con ondas lo que dejó huellas profundas en su psique. El dato aparece en el libro de Jonathan Moreno Guerras de la mente: investigación sobre la mente y defensa nacional, de innegable valor puesto que el autor conoció directamente al propio Murray por ser amigo de sus padres, también psicólogos.
Walter Bowart, autor del libro Operación Control Mental, afirma por su parte que en 1989 un grupo de mujeres inglesas que se manifestaba contra las armas nucleares sirvió de cobaya al Ministerio de Defensa del Reino Unido para probar algunas clases de rayos de microondas EHF. Sin conocer bien el origen del dolor que empezaron a notar, estas activistas se resguardaron en sus tiendas de campaña. Según las declaraciones de Bowart al fallecido investigador antes mencionado Joe Vials los experimentos con personas siempre que no fueran norteamericanas los apoyó la propia Casa Blanca. En cuanto a los síntomas específicos que presentaron esas mujeres pasaron por ciclos mensuales irregulares, abortos, problemas ginecológicos, quemaduras de la retina, problemas auditivos y hasta tumores de crecimiento rápido. Bowart asegura que cuando sugirió a las manifestantes que cubrieran sus tiendas con hojas de aluminio los efectos cesaron inmediatamente. Según él las microondas rebotan en el papel de aluminio.

ARMAS NO LETALES

Finalizaré diciendo que todas las armas descritas en este texto se conocen bajo el paraguas desinformativo de armas no letales, denominación con la que aparecen en los documentos secretos de la CIA desde los años 60 aunque, curiosamente, su desarrollo ha estado controlado por compañías privadas. De hecho la que fuera Fiscal General de Estados Unidos, Janet Reno, confirmó que “las agencias acordaron desarrollar en común armas que sean válidas tanto para el campo militar como para la seguridad interna”. Así, por ejemplo, la compañía aeronáutica Lockheed Martin afirma sin reparos en la web de su división de Ciencia e Ingeniería -www.seabase.com o http://www.lockheedmartin.com/ - lo siguiente: “Proveemos al Gobierno de tecnologías como láseres, sensores espectros trópicos, microondas de gran potencia, campos electromagnéticos y armas no letales” (el subrayado es nuestro).
También Vector Microondas Investigaciones está contratada por el Gobierno norteamericano para desarrollar estas tecnologías. Como muestra baste mencionar el premio de investigación otorgado por la CIA que en 1996 recayó en el científico John Craven por dos proyectos: uno llamado Microondas para computadores y otro con el título Láser para comunicación. Aunque como ha quedado claro a lo largo de estas páginas esta carrera armamentística ha sido secreta 25 países han desarrollado ya este tipo de armas, según afirmaría el ex Secretario de Defensa norteamericano Wiliam Cohen.
Y si el lector aún precisa una definición de lo que son esas armas no letales quizás pueda servirle la que la doctora Barbara Hatch Rosenberg recogió ya en 1994 en el Boletín de Físicos Atómicos en el que se puede leer que “las armas no letales utilizan energía electromagnética en frecuencias de láser, microondas, radiación de radiofrecuencias o luz visible pulsada a la frecuencia en la que emite el cerebro”. Agregando que “sus resultados son: ceguera temporal, desórdenes en el pensamiento, dolor severo, náusea, diarrea y disfunciones en los órganos internos”.
Para terminar añadiremos que en la actualidad no existe ningún aparato accesible al público específico para detectar un ataque psicotrónico. Lo más parecido es un Detector de fugas de microondas ideado por un investigador australiano llamado Dick Smith. En su origen ese dispositivo estaba destinado únicamente a rodear la junta de caucho de los hornos microondas para detectar las posibles fugas de radiaciones. Se trata de un detector direccional capaz de recoger una emisión de onda tan leve como un miliwatio por centímetro cuadrado, lo que le convierte en una defensa interesante si se tiene en cuenta que investigaciones médicas realizadas en Estados Unidos también han demostrado que una exposición prolongada a fugas de baja intensidad puede causar problemas serios en los ojos (como cataratas). Estas investigaciones se refirieron a un grupo de mujeres que se habían expuesto a fugas de microondas de esa intensidad en el lugar de trabajo durante muchos meses. Y en cada caso el nivel de perjuicio fue proporcional a la distancia del horno microondas en el que estaba la fuga.
Finalizamos recordando que muchos gobiernos -y las entidades bancarias- quieren ahora que todos los seres humanos llevemos implantados en nuestros cuerpos chips -que funcionan mediante radiofrecuencias- para mejorar la seguridad de las transacciones e implantar en ellos nuestros datos médicos. Sólo que esos chips llevarían un GPS incorporado para saber dónde estamos en cada momento y quizás pudiesen recibir emisiones que desde la distancia nos podrían llevar a enfermar o a la muerte. Bueno, pues ya han empezado a usarlos discotecas de alto standing para que una maquina reconozca a sus clientes habituales y éstos no tengan que esperar en la cola. Y cientos de hijos de millonarios –sobre todo en México y Brasil- ya se los han puesto por si los secuestran.. Quizás más seguros pues… pero sin duda también más controlados. Como le gusta al poder...

Rafael Palacios

Relato de un afectado por armas de control mental

Los miembros de la Federación Mundial de Víctimas de Armas de Control Mental recogen en su web – http://www.fedame.org/ - algunos de los casos más significativos de las experiencias que han vivido. Hemos seleccionado uno de ellos como muestra:
  • “Yo, Fernando Arakaki Miranda, nacido en Brasil y nacionalizado boliviano por tener ascendencia japonesa, viví en Japón entre 1992 y 1998, lapso de tiempo en el que fui manipulado por la tecnología cibernética más avanzada sin mi consentimiento y en contra de mi voluntad a través de implantes de microchips cerebrales. Estos implantes tienen la capacidad de recoger, guardar y transmitir pensamientos, sensaciones, sentimientos e, incluso, pueden ver a través de mis ojos utilizando para ello la tecnología cyborg más avanzada llamada Soul Catcher 2025. Se trata de una telepatía artificial con la que pueden hablarme directamente al cerebro y controlarme hasta en mis sueños. Esto significa que he sido usado como conejillo de indias y ahora están tratando de destruir mi cerebro usando armas de radiación electromagnética –lo que supone, de hecho, una tortura cerebral- y formando grupos de personas para hostigarme día y noche en un intento de acallar este crimen para que quede impune. Estos criminales trabajan sólo para destruir a los seres humanos. Sus actos inhumanos no tienen excusas: son sin Dios ni ley. También usan la mentira engañando a la gente con calumnias en mi contra tratando de aislarme. Es su forma de crear un paranoico esquizofrénico y para este fin hemos contado veintiséis delitos de los que estoy siendo víctima. Entre ellos, amenazas, asociación delictiva, chantaje, injurias, tentativa de homicidio, daños a la salud, daños psicológicos, discriminación, allanamiento, robo, etc. Estos son algunos de los delitos que están usando para encubrir este avasallamiento en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Estoy siendo estudiado por universidades de este país como un conejo de indias por la novedad de este implante de tecnología avanzada que mucha gente desconoce en países del tercer mundo. Considero que se están violando mis derechos humanos en toda su magnitud”.


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El SIDA es mucho más que un simple negocio.

domingo, 3 de mayo de 2009

Hace 25 años la Ministra de Sanidad estadounidense afirmó: “El Dr. Gallo ha aislado un virus que es la probable causa del Sida”. En los días siguientes la palabra “probable” desapareció. Había nacido el VIH/SIDA. Pocos después Science publicaba cuatro textos que Gallo les envió en marzo de 1984 y que son mundialmente considerados “los artículos de referencia que demuestran que Gallo aisló el virus causante del SIDA”. Pues bien, publicamos tres documentos que demuestran que Gallo mintió. Uno revela cómo manipuló el borrador escrito por su jefe de laboratorio, otro que no había virus en sus cultivos celulares y el tercero que no es cierto que hubiera encontrado un virus nuevo.


¿En qué se basa la versión oficial de que el SIDA -acrónimo de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida- es una enfermedad provocada por un retrovirus bautizado como Virus de la Inmunodeficiencia Humana o VIH? Porque cuando a las autoridades sanitarias, académicas, hospitalarias y médicas -especialistas en SIDA incluidos- de cualquier lugar del mundo se les pide formalmente que faciliten los artículos científicos de referencia que lo demuestran la respuesta suele ser ¡el silencio! ¿No se lo puede creer? Pues haga la prueba y solicítelos. Y ya le adelantamos que en los raros casos en que alguien responde lo hace remitiendo al consultante a que lea el artículo que el médico estadounidense Robert Gallo publicó en la revista Science el 4 de mayo de 1984 así como los tres complementarios que adjuntó. Lo que hace que saber cómo se gestaron esos textos sea de sumo interés porque con ellos nació la actual ficción VIH/SIDA. El primero fue un artículo que ocupó tres páginas y apareció ilustrado con apenas dos fotos. ¿Y cómo se forjó ese texto y de dónde se obtuvieron las fotos? Veámoslo porque la verdad no se ha sabido hasta hace apenas un año pero explica por qué Gallo no fue premiado con el Nobel de Medicina del 2008 junto a Luc Montagnier a pesar de que durante años se le consideró codescubridor del VIH.
Empezaremos diciendo que quienes han investigado con rigor e independencia el tema del SIDA llegaron ya a mediados de los años ochenta del pasado siglo XX a la conclusión de que no hay prueba científica alguna que avale la afirmación de que el VIH causa el SIDA. La diferencia es que algunos piensan que el VIH sí existe pero es inofensivo y otros que ni siquiera existe. En cualquier caso para quienes están tanto en una como en otra posición lo que sí está claro es que la versión oficial es falsa. Comparten asimismo la convicción de que los antirretrovirales utilizados en los hospitales no sólo son inútiles e innecesarios sino además tóxicos.
Y es que el 30 de junio del 2008 se constató que la tesis oficial de que el VIH es la causa del SIDA se basa en un fraude científico perpetrado por el Dr. Robert Gallo. Porque ese fue el día en el que apareció en Bristol (Reino Unido) el libro de la veterana periodista Janine Roberts titulado Miedo a lo invisible. Cuán temerosos debemos estar de virus y vacunas, de VIH y SIDA en el que por primera vez se hizo pública la documentación que demuestra la vergonzosa actuación de Robert Gallo. Veamos pues de forma cronológica y resumida qué se reveló en él:
Finales de Febrero de 1984.
El Dr. Mikulas Popovic, jefe del laboratorio del Dr. Gallo, empieza los ensayos que llevarían –al menos eso se alegaría- a constatar que el SIDA lo causa un virus desconocido hasta ese momento que se consigue identificar y aislar mientras el Dr. Gallo, de gira por Europa, da varias conferencias -incluida una en el Instituto Pasteur de París- en las que anuncia que están a punto de saber qué virus de la familia HTLV es la causa del SIDA. Tan seguro estaba -a pesar de que Popovic aún continuaba con la investigación y no lo había logrado en realidad- que antes de viajar había llegado a un acuerdo con la dirección de Science para concederle la exclusiva de “una importantísima primicia mundial que revolucionará el SIDA”.
Marzo de 1984.
Hacia el día 19 el Dr. Popovic redacta el borrador del artículo central que Gallo había prometido a Science y se lo deja para que cuando éste regrese de su gira europea lo lea marchándose luego a esquiar. Y, en efecto, Gallo lo encuentra pero pronto comprueba que se trata de algo que no cumple en absoluto las expectativas del sensacional hallazgo que estaba anunciando. Así que su reacción fue adaptar la realidad a sus deseos ¡cambiando descaradamente el contenido! Tachando simplemente lo que no concordaba con lo anunciado y llenando de correcciones -de su propio puño y letra- las diez páginas que le habían dejado. Es más, añadiría cinco folios. Y posteriormente introduciría otros cambios hasta que finalmente lo enviaría el día 30 a Science. Apuntando el texto, obviamente, en la dirección que había divulgado..
Abril de 1984.
Día 19. Science acepta los artículos remitidos por Gallo.
Día 22. El New York Times publica ¡en primera página! un artículo del influyente Dr. Lawrence K. Altman en el que se dice que el Dr. James O. Mason -director de los poderosos Centros de Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos- considera que “el virus descubierto en Francia es la causa del SIDA”. Los responsables de los CDC tomaban así una posición contraria a la tesis de que la causa del SIDA es el nuevo virus que Gallo dice haber descubierto.
Día 23: Apenas 24 horas después la entonces Ministra de Sanidad estadounidense Margaret Heckler anunciaría a bombo y platillo en rueda de prensa “un nuevo éxito de la ciencia americana: el Dr. Gallo –afirma- ha aislado un virus que es la probable causa del Sida’”. Tal “contraataque” lo organizarían los igualmente poderosos Institutos Nacionales de Salud (NIH), uno de los cuales es el Instituto Nacional del Cáncer en el que, pura casualidad, trabajaba Gallo. Con tal apoyo institucional el virus americano tomaba la delantera mediática y política al virus francés. Sólo que a partir de entonces dejó de hablarse del virus como “probable causa” y aunque nadie había demostrado en realidad que un virus fuera lo que originaba el SIDA todo el mundo lo dio por hecho. Había nacido la “verdad política y social” de la relación VIH/SIDA.
Mayo de 1984.
Science publica el día 4 los artículos finalmente enviados por Gallo… apenas 35 días después de recibirlos. Algo insólito. Y es que aunque sólo habían transcurrido once días desde la conferencia de prensa dada por la ministra de Sanidad norteamericana los textos fueron ya leídos con las “gafas VIH/SIDA”. Con lo que la “verdad político-social” se convirtió en “verdad científico-médica”.

EL DOCUMENTO POPOVIC
Como ya adelantamos Gallo manipuló el texto escrito por Mikulas Popovic. Manipulaciones que hoy se conocen. Así, tachó con descaro la frase “A pesar de los intensos esfuerzos de investigación efectuados el agente causante del SIDA aún no ha sido identificado” (página. 4). Inconcebible. Porque el borrador donde se hacía esa rotunda afirmación, una vez manipulado, fue el que Gallo presentaría como “prueba científica” de que él y su equipo habían culminado sus ensayos con “la identificación del agente causal del SIDA” De hecho tuvo la desfachatez de sustituir sin más esa frase en el artículo que publicó en Science por la de “Nuestros hallazgos sugieren que un retrovirus de la familia HTLV puede ser el agente etiológico del SIDA”. Y luego, para apoyar su afirmación, mencionaría “nueve hallazgos” -con sus respectivas referencias- que no tenían nada que ver con los experimentos que había hecho Popovic.
Es más, Gallo tachó en diagonal el Abstract (Resumen) hecho por Popovic y escribió debajo: “Este resumen es demasiado trivial para un posible artículo innovador en Science”.
Hasta cambió el título. El de Popovic era Obtención y producción continua de retrovirus linfotrópico de células T humanas (VLTH-III) de pacientes con SIDA. El que saldría en Science fue el de Detección, aislamiento y producción continua de retrovirus citopáticos (VLTH-III) de pacientes con SIDA y pre-SIDA.
Y eso a pesar de que en el borrador del Dr. Popovic no se hacía referencia en ningún momento a que sus investigaciones tuviesen como objetivo “aislar un nuevo virus” ni que se buscase demostrar ‘citopaticidad’ alguna. Y aún menos, por tanto, podía haber tenido en mente buscar “el virus que probablemente causa el SIDA”. Entre otras razones porque eso exige haber aislado antes el presunto virus responsable y demostrar que mata las células T4 (que es lo que oficialmente se atribuye al VIH). Lo que nunca se hizo.
Para mayor sorpresa, tampoco el artículo finalmente publicado en Science aborda ni el aislamiento ni la citopaticidad de un supuesto ‘nuevo virus HTLV-III’ ¡aunque lo proclamaba en el título! Es más, los añadidos a mano del Dr. Gallo tampoco lo pretendieron. En realidad se limitaron a expresiones generales y vagas del tipo “Sugerimos que (la causa del SIDA) puede ser…” o “Esta hipótesis se basa en…”.
De hecho la conclusión de los experimentos de Popovic fue efectivamente tan trivial que éste ni siquiera llegó a redactarla. Y el Dr. Gallo sólo se atrevería a escribir frases como “se ha abierto el camino para detectar,” “proporciona una primera oportunidad de realizar un análisis detallado” o “este sistema abre el camino hacia la detección rutinaria y rápida del HTLV-III y variantes citopáticas de HTLV asociadas’. En suma, meras posibilidades.

El DOCUMENTO GONDA
En cuanto a las fotos el Dr. Gallo hizo enviar al Laboratorio de Microscopía Electrónica muestras de sus cultivos celulares –los que presuntamente contenían el virus HTLV-III- para que se obtuviesen las correspondientes imágenes a fin de ilustrar los artículos de Science. Pues bien, el Dr. Matthew A. Gonda –director del laboratorio- respondería el 26 de marzo de 1984 a esa iniciativa con una carta de diez líneas que decían: “El Dr. Gallo deseaba estos micrógrafos para publicar porque contenían partículas HTLV. (…) Y me gustaría puntualizar que las ‘partículas’ (…) son desechos de una célula degenerada. No se han observado en parte alguna del precipitado partículas libres entre las células ni ‘partículas semejantes-a-virus’ extracelulares. Las pequeñas vesículas extracelulares (…) son por lo menos un 50% más pequeñas que las partículas maduras de HTLV vistas de tipo I, II o III. Insisto: estas vesículas pueden ser encontradas en cualquier precipitado celular” Y por si alguien dudara Gonda concluye agregando de forma rotunda: ‘No creo que ninguna de las partículas fotografiadas sea de HTLV I, II o III’.
¿Y qué decidió ante tan desazonadora respuesta el Dr. Gallo? Hacer caso omiso y adjuntar el 30 de marzo al artículo manipulado algunas de las fotos (a pesar de que según Gonda no constataban la existencia de virus alguno) como lo demuestra que en la nota 17 del segundo artículo publicado en Science se le agradece expresamente a éste las fotos publicadas.

El DOCUMENTO MINOWADA
Cabe añadir que el 29 de marzo de 1984 -el día anterior a que remitiera sus artículos a Science- Gallo envió una carta muy reveladora al Dr. Jun Minowada -de la Universidad de Loyola en Illinois (EEUU)- en cuya parte final decía: “No me sorprende que no haya encontrado usted expresión de la proteína p19 en células frescas de pacientes de SIDA. Es extremadamente infrecuente encontrar células frescas que expresen el virus (…) Para inducir el virus parece ser necesario el cultivo de células. Lo que probablemente se debe a que así se eliminan los factores inhibidores presentes en el paciente”.
En otras palabras, el Dr. Gallo reconoce abiertamente en esa carta que el VIH –e insistimos en que en realidad habla de un virus hipotético que nunca aisló- solo se puede expresar ¡in vitro, en cultivos celulares! pero no en un ser vivo porque las defensas del organismo lo impedirían al eliminarlo. Además que no había encontrado virus alguno al que responsabilizar del SIDA lo demuestra la última frase de la carta: “Por último, ahora sabemos que hay muchas variantes de HTLV-I. Y creemos que la causa del SIDA es una variante mucho más citopática”. En suma, todo apunta a que aún estaban buscando algún virus. A pesar de lo cual al día siguiente enviaba sus cuatro artículos a Science diciendo que ya lo había descubierto.

Robert Gallo y Luc Montagnier

TRES DOCUMENTOS DEMOLEDORES
Es evidente que los tres documentos mencionados –y seguro que hay más por lo que luego explicaremos- demuestran de manera irrefutable que el Dr. Gallo manipuló y tergiversó de forma consciente e intencionada tanto el contenido real de sus investigaciones como los resultados. Se trata pues de documentos de importancia capital y alcance mundial. ¿Y cómo han sido obtenidos?
La verdad es que los experimentos del Dr. Gallo y su equipo -desde la invención del SIDA en 1981 hasta la invención del VIH/SIDA en 1984- fueron sometidos a una muy intensa inspección. Nada menos que por cuatro comisiones de investigación establecidas al máximo nivel estadounidense. Vigilancia que se decidió hacer tras la publicación del llamado Informe Crewdson que con una extensión de 50.000 palabras fue publicado el 19 de noviembre de 1989 en 16 páginas del periódico Chicago Tribune con el título The Great AIDS Quest (La gran búsqueda del SIDA). Escrito por el periodista John Crewdson -Premio Pulitzer en 1981- tras veinte meses de investigación éste llegó a la conclusión de que “la historia que emerge es menos heroica de lo que se suele presentar pero no menos espectacular: datos falseados y experimentos secretos, virus fantasmas y genes desaparecidos, resultados irreproducibles y notas de laboratorio embrolladas, cultivos sin etiquetar y fotografías manipuladas. (...) Es la historia de un científico influyente e intimidador que persiguió un virus erróneo durante más de un año para luego invertir la situación y emerger con un hermano virtual genéticamente gemelo del virus que había sido realmente descubierto por sus rivales de París y que le habían entregado meses atrás. Lo que ocurrió en el laboratorio de Robert Gallo durante el invierno del 83 al 84 es un misterio que quizás no será nunca definitivamente aclarado pero la evidencia es abrumadora: o fue un error o un robo”.
Contundente y demoledor. Lo que a Crewdson se le escapó sin embargo –o no quiso ver- es que tampoco en París se había sido aislado ningún virus. Que el Dr. Gallo utilizase -sin reconocerlo- los cultivos celulares del Dr. Montagnier no significa que le robase virus alguno sino simplemente que pudo reproducir los mismos fenómenos biológicos -en particular, la transcripción inversa, es decir, la conversión de ARN a ADN- y que los utilizó asimismo como indicadores indirectos de la presencia de un supuesto retrovirus. Y añadiremos, por si aun tiene alguna duda de que Gallo utilizó las muestras enviadas por Montagnier, que el propio Dr. Popovic lo reconoció por dos veces en su borrador. Frases que Gallo tacharía anotando al lado respectivamente: “No termino de creérmelo. Eres absolutamente increíble” y “Mika, estás LOCO” (así, en mayúsculas).
Es por cierto ilustrativo de cómo es y actúa el Dr. Gallo saber la actitud que tuvo ante Crewdson: sólo le contestó una vez -por teléfono- a algunas preguntas y no aceptó entrevista personal alguna. Entre otros intentos -y a petición del abogado del Dr. Gallo- el Chicago Tribune le envió el 19 de diciembre de 1988 una lista con 188 preguntas. No hubo respuesta. El 28 de julio de 1989 se le envió otra lista de preguntas. Tampoco hubo respuesta. En octubre de 1989 volvió a remitírsele otra carta indicando en ella que la ausencia de respuesta sería considerada una negativa a conceder entrevista alguna. De nuevo silencio. Y agregaremos que la actitud saboteadora de Gallo incluyó a su entorno pues también se negaron a conceder entrevistas sus colaboradores, entre ellos el Dr. Popovic.
Bueno, pues fue a raíz de la publicación de ese reportaje/informe cuando entre 1990 y 1994 se pusieron en marcha varias investigaciones oficiales sobre Gallo que terminarían dando lugar a cuatro informes de instituciones oficiales estadounidenses del máximo nivel. Una de ellas llevada a cabo ¡por el propio servicio secreto encargado de la seguridad del Presidente de Estados Unidos! que encontró suficientes evidencias de fraude como para remitir la investigación al Fiscal General. Lo “singular” es que como había transcurrido demasiado tiempo desde la presunta comisión del delito Gallo no pudo ser procesado penalmente.
De forma breve diremos que tras rescatar y compilar más de 300 documentos relacionados con los ensayos efectuados en el laboratorio del Dr. Gallo las principales conclusiones a las que llegaron los investigadores fueron que había evidencias aplastantes de que las repetidas afirmaciones de Gallo de que había aislado el VIH eran falsas, que el experimento de febrero de 1984 fue tan defectuoso y cuestionable en tantos aspectos que poca o nula confianza se podía depositar en los hallazgos proclamados y que las instituciones gubernamentales, al decidir proteger a Gallo, defendieron durante años lo indefendible.
Tal fue la razón de que finalmente se ofreciera al Gobierno francés el reconocimiento público por parte de los NIH de que “el Instituto Pasteur había encontrado el VIH primero” a lo que se añadió el compromiso de pagar una compensación económica por los royalties de los llamados “tests del SIDA”. Obligándose de paso a Gallo a abandonar los NIH (tras lo cual la industria farmacéutica, siempre encantada de tener a sus órdenes personas con "ética", le ofrecería de inmediato su propio centro privado de “investigación”).

ACTITUDES INCOMPRENSIBLES
Llegados a este punto suponemos que el lector se preguntará por qué los investigadores que investigaron el asunto no se dieron cuenta del fraude. Y una posible respuesta es que quizás lo único que de verdad les preocupaba era determinar la “paternidad” del supuesto virus responsable del SIDA. Aunque lo más sangrante es que ni la documentación de Gallo ni la de Montagnier demostraba la existencia de que hubiera un virus nuevo y menos aún que causaba el SIDA. Algo que antes o después saldrá a la luz. Como ha salido lo que hizo el Dr. Gallo –para su sorpresa- por la sencilla razón de que estaba convencido de que sus manipulaciones se habían quedado entre Mika Popovic y él, y de que la prueba de su falsificación había sido destruida. Lo que no ocurrió porque Popovic, muy preocupado al ver el alcance de los cambios introducidos por Gallo en su texto, decidió protegerse y enviar una copia de todo a su hermana que vivía en Austria. Que hizo bien lo demuestra que a poco de comenzar las investigaciones oficiales le pidió a ésta que se la devolviese. Y es que tras un interrogatorio Popovic recibió una grabación que contenía no sólo las respuestas que dio a las preguntas que le habían sido formuladas por los investigadores sino ¡los comentarios que tras su marcha éstos hicieron! Algo que le alarmó profundamente ya que en ellos se indicaba claramente que iba ser acusado de mala práctica científica en lugar del Dr. Gallo. Con lo que a la mañana siguiente su abogado entregó el borrador manipulado a los investigadores que pronto verificaron que los cambios habían sido hechos efectivamente a mano por Gallo.
Bueno, pues debemos decir que a pesar de todo esto aún hay quien otorga credibilidad científica a Gallo. Sin embargo, ¿cuál ha sido en los últimos años su actitud? Hace ahora un lustro la versión on line del British Medical Journal alojó un debate entre quienes creen en la versión oficial del VIH/SIDA y los científicos que niegan esa relación. Un debate que se desarrolló entre el 28 de febrero del 2003 y el 17 de abril del 2005. Y en él, entre otros muchos asuntos, se abordó algo tan simple y fundamental como si el VIH ha sido alguna vez aislado. Pues bien, aunque el Dr. Gallo fue invitado reiteradamente a dar explicaciones y pruebas de ello se negó siempre en redondo. Como se negaría -de mala manera- a formar parte del panel de expertos que con presencia de defensores y detractores de la versión oficial se constituyó el año 2000 para debatir las dudas existentes por iniciativa del entonces presidente de Sudáfrica Thabo Mbeki.
Claro que quien esto escribe ha pedido personalmente dos veces al Dr. Gallo “las pruebas científicas que demuestran que realmente aisló el VIH”. La primera el 16 de abril de 1997 cuando entregué una propuesta escrita a La Caixa -que había traído a España al Dr. Gallo para impartir en sus instalaciones una conferencia titulada precisamente El descubrimiento de los retrovirus y del VIH- en la que proponía que se abriera tras la misma un debate sobre el tema con Gallo sin que se dignaran a responderme (aunque Gallo, informado, despachó la cuestión desde su mesa de conferenciante diciendo textualmente: “Algunos, para hacerse famosos, se colgarían de una avioneta fosforescente volando a gran altura”). La segunda fue durante la XII Conferencia Internacional de SIDA celebrada en Ginebra en 1998. En el transcurso de una rueda internacional de prensa en la que el Dr. Gallo era el invitado principal tomé el micrófono y le pregunté: “Dr. Gallo, ¿entregará Ud. a los huelguistas de hambre que están a las puertas del Congreso las pruebas científicas que piden de que usted aisló el VIH?” Su respuesta fue desplazar la silla hacia atrás, estirar las piernas hacia delante, cruzar los pies, ponerse las manos detrás de la nuca y farfullar en voz baja “Shut up!’ (¡Cierra el pico!). Y yo pregunto: ¿es ésa la respuesta que daría un científico que no tiene nada que ocultar? Bueno, pues su negativa no le pareció improcedente ni significativa a ninguno del centenar largo de autocalificados “periodistas especializados en VIH/SIDA” de medio mundo allí presentes.
Afortunadamente quienes sí saben de qué va esto han empezado a movilizarse. El 1 de diciembre del 2008 treinta y siete investigadores de 14 países dirigieron una carta al actual Editor Jefe de Science, Bruce Alberts, en la que apoyándose en los tres documentos aquí mencionados le piden que la revista retire formalmente los artículos de Gallo publicados en 1984 una vez demostrado que son un fraude. Una carta que concluye así: “Para la credibilidad de la investigación científica es vital que sean retirados los artículos que se demuestre que son defectuosos o están falsificados. Y como quiera que hoy existen documentos públicos que demuestran que los artículos de Gallo sacan conclusiones injustificadas su retirada de Science es muy importante para mantener la integridad científica. Los futuros investigadores deben también entender que no pueden basar sus declaraciones sobre VIH y SIDA en los artículos de 1984 de Gallo. Todos los autores de artículos que se basaron en esos cuatro textos deberían tener la oportunidad de reconsiderar sus propias conclusiones por si resultan debilitadas por estas revelaciones”.
Estamos a mediados de marzo del 2009 y aún no ha habido respuesta. Claro que ya en su número de 8 de enero de 1993 Science publicó un artículo titulado HHS: Gallo Guilty of Misconduct -es decir, Ministerio de Sanidad: Gallo culpable de mala práctica- cuyo subtítulo decía: El veredicto es que al ocultar el hecho de que su laboratorio puso el virus francés en una línea celular permanente Robert Gallo intentó engañar a la comunidad científica. Cierto. Luego, ¿por qué se ha seguido dando crédito a Gallo? Sencillamente porque detrás de todo esto hay algo muy grave a tapar que además ha generado un gigantesco negocio. Absolutamente fraudulento todo porque, ¿sabía que los experimentos que Gallo aseguró haber realizado en 1984 en su laboratorio no se han reproducido jamás? Este simple hecho los descalifica a nivel científico. Y los experimentos que indican algunos manuales de Virología para “producir, detectar y aislar el VIH” son un entretenimiento académico sin base virológica alguna porque tal cosa nunca se ha logrado realmente.

Y MONTAGNIER TAMPOCO HA AISLADO EL VIRUS
Mucha gente lo ignora pero a la mayoría de los expertos en SIDA que a Montagnier se le diera en el 2008 el Nobel de Medicina no les gustó nada. ¿Por qué? Pues porque le consideran casi ¡un disidente! Y no les falta razón. Lo es doblemente: tanto en lo que se refiere a la presunta causa del SIDA como en cuanto al tratamiento. A fin de cuentas ya en 1990 reconoció que en la aparición del SIDA tenía que haber “otros cofactores puesto que el VIH no puede por sí solo matar célula alguna. Hace falta –añadiría- que exista otro factor que actúe al mismo tiempo sobre la misma célula”. Reconocimiento que le llevó a buscar durante una década ese cofactor -o cofactores- en micoplasmas y otros microbios…¡sin encontrar ninguno! De ahí que llegase a la conclusión hace unos años de que tales cofactores no eran microbianos sino nutricionales y psicoemocionales: malos hábitos de vida, miedo, angustia, problemas psicológicos, etc. Es más, cuando en 1997 el periodista Djamel Tahi insistió en preguntarle sobre el aislamiento del llamado “virus del SIDA” Montagnier contestó: “Se lo repito: no purificamos”. Con lo que reconoció implícitamente no haber aislado nunca el presunto virus conocido como VIH.
Disiente asimismo Montagnier de los tratamientos que deben aplicarse a las personas catalogadas como enfermas de SIDA porque hace ya más de diez años comenzó a recomendar que los fármacos antirretrovirales se tomasen sólo unos pocos meses –sabedor de que son muy tóxicos- y empezó a poner el acento en ¡ingerir antioxidantes y llevar una vida sana! Y sigue pensando que es lo adecuado. Lo demuestra que en diciembre del 2007 acudió Madrid para visitar el laboratorio Catalysis para conocer de primera mano cómo obtenían sus potentes antioxidantes.
Posición que no modificó al recibir el Nobel porque cuatro días después de saber que se le había concedido contestó a la pregunta ¿Qué personas tienen más riesgo de desarrollar el SIDA? lo siguiente: “El virus actúa en aquellos organismos que presentan ya una situación degradada por el consumo de drogas o por una vida complicada, con abuso de alcohol o escasa atención a la alimentación. Algunas personas sanas pueden ser infectadas por el virus durante un breve periodo pero pueden desembarazarse de él enseguida. La moraleja de todo esto es que hay que llevar una vida responsable y evitar otras infecciones’. (El País, 12 de octubre de 2008).

EL SIDA ES MÁS QUE UN SIMPLE NEGOCIO
Terminamos este texto recordando que poco después de la aparición del libro antes mencionado de Janine Roberts -Miedo a lo invisible- el veterano policía y detective californiano Clark Baker definió directamente el montaje SIDA como algo puramente delictivo. De hecho en el informe que presentó tras investigarlo y que tituló El huevo de Gallo afirmaría: “No se precisa de formación médica alguna para investigar conductas fraudulentas o criminales así como la financiación utilizada (…) No se requiere un cerebro de neurocirujano para ver que ningún científico ha demostrado nunca que el VIH: 1) existe; 2) ataca células; y, 3) causa el SIDA. (…) La clave de todo este enorme entramado se encuentra (…) en la declaración original misma del propio Dr. Gallo sobre el VIH. (…) Tras haber investigado miles de crímenes y haber arrestado a centenares de miembros de bandas criminales y otras gamas de depredadores reconozco un asunto criminal en cuanto lo huelo. El VIH/SIDA convierte la estafa de Enron en un juego de niños”.
Bueno, pues los “expertos” en SIDA siguen tratando a millones de personas con supuestos antirretrovirales para un virus que ni siquiera está demostrado que exista. Lo que sí está demostrado es que la relación VIH/SIDA se basó en un fraude científico.


Luis Botinas
Luis Botinas –cofundador hace años de Plural-21, Asociación para el cuidado de la vida en un planeta vivo y actual Presidente- acaba de terminar sobre este asunto un libro que se presentará probablemente en junio y que lleva por título El VIH/SIDA no existe. Preguntas para desmontar un invento “made in USA”.

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Bebidas energeticas y sus multiples peligros.

viernes, 10 de abril de 2009

Un grupo de científicos de la Universidad Johns Hopkins liderado por Charles J. Reissig que acaba de finalizar una investigación sobre el consumo de las denominadas "bebidas energéticas" denuncia su ingesta abusiva así como el agresivo marketing que las presenta a los jóvenes como medios ideales para mejorar su rendimiento gracias a sus efectos estimulantes y psicoactivos. Lo cierto sin embargo es que son muy ricas en cafeína y ésta eleva la presión sanguínea y el ritmo cardiaco además de generar adicción y enmascarar los síntomas de una intoxicación etílica cuando se consume mezclada con alguna bebida alcohólica. El exceso de cafeína está dando lugar hoy a numerosos casos en jóvenes de nerviosismo, ansiedad, cansancio, insomnio, taquicardia, temblores y agitación psicomotora.


Las conocidas popularmente como bebidas energéticas gozan cada vez de mayor popularidad. Aunque aparecieron por primera vez en Asia en la década de los 60 del pasado siglo XX la introducción de la conocida marca Red Bull en Austria en 1987 y en Estados Unidos en 1997 desencadenó la reciente tendencia a una comercialización cada vez más agresiva de este tipo de bebidas -caracterizadas por su alto contenido en cafeína- entre los jóvenes. De hecho el número de bebidas energéticas ha crecido enormemente en los últimos años. Un simple ejemplo: sólo en el 2006 se lanzaron al mercado en el mundo cerca de ¡500 nuevas marcas! Y ese año el consumo aumentó un 17% respecto al año anterior hasta alcanzar casi 3.500 millones de litros. Siendo Tailandia el país donde mayor es el consumo por persona y Estados Unidos el de mayor volumen de ventas (según los datos publicados en el 2007 por la empresa Zenith Internacional). Por lo que respecta a Europa Occidental en el 2005 las ventas alcanzaron los 3.039 millones de euros siendo los tres mayores mercados Reino Unido, Alemania y España que, de forma conjunta, supusieron más de la mitad del total de Europa Occidental. En España cinco marcas lideran las ventas: Red Bull, Burn (Coca-Cola), Pink Fish (Schweppes), Toro XL (Osborne) y Shark. Aunque Red Bull logra aún más de la mitad de las ventas de toda Europa.
Como se ve, un negocio floreciente que responde a una demanda imparable hasta el punto de que para el 2010 se calcula que el consumo en Europa puede alcanzar una media de dos litros anuales por persona ya que en Estados Unidos es actualmente de tres litros, según datos de Zenith International. Y así, lo que originalmente fue concebido como un producto para personas con necesidad de aumentar su nivel de atención, concentración o reacción en un momento dado -estudiantes, conductores, profesores, deportistas, médicos, etc.- se ha convertido, como consecuencia de un agresivo marketing, en una bebida de uso corriente al alcance incluso de niños menores de edad. Y, sin embargo, su alto contenido en cafeína -que varía de una bebida a otra- implica un riesgo indudable para quien lo consume; sobre todo para los menores, las mujeres embarazadas y las personas sensibles a la cafeína. De hecho el contenido en cafeína de estas bebidas oscila entre los 50 y los 500 mg por lata o botella.
Ahora bien, aunque el principal ingrediente activo es la cafeína a las bebidas energéticas se les suele añadir vitaminas del grupo B -especialmente riboflavina, piridoxina y niacina o nicotinamida- además de taurina -un aminoácido- y glucuronolactona -un carbohidrato derivado de la glucosa (sobre cuya seguridad, por cierto, hay estudios con animales pero no con humanos).
"Hoy casi nadie sospecha que la cafeína es una droga que crea dependencia -señala el doctor Miguel Angel Pinillos, experto en Toxicología del servicio de Urgencias del Hospital de Navarra - y últimamente estamos viendo que se utiliza en bebidas energéticas que además de consumirse para hacer deporte se toman mezcladas con alcohol cuando uno va de juerga. Y, sin embargo, esa mezcla puede provocar una intoxicación que, en función de la sensibilidad de cada persona, acabe provocando estados de ansiedad, nerviosismo y palpitaciones. Dos o tres latas de esas bebidas pueden producir una intoxicación por cafeína".
En suma, los jóvenes -y los no tan jóvenes- ignoran que consumir estas bebidas energéticas en demasía o mezcladas con alcohol puede tener serias consecuencias para la salud. Evidentemente se puede argumentar que el problema es de quien las bebe porque los fabricantes cumplen con la normativa que las regula -aun cuando a muchos expertos les parezca poco adecuada- pero la verdad es que éstos -que conocen los riesgos- deberían ser más claros y hacer en los envases advertencias o recomendaciones sobre su consumo. Sin embargo, en lugar de ello han desarrollado un agresivo y llamativo marketing de estética juvenil -spots, deportes, conciertos.- que nada tiene que ver con la idea inicial que subyacía en el origen de estas bebidas y que se ha diseñado para captar a jóvenes completamente desinformados sobre las posibles consecuencias de su uso continuado e indebido. Obviamente se abstienen de aconsejar beber varias latas seguidas o de recomendar mezclarlas con alcohol pero ésa es la realidad actual.
Hasta en las facultades universitarias de medio mundo las máquinas no cesan de expedir bebidas energéticas, sobre todo en época de exámenes. Son utilizadas como auténtico dopaje por los estudiantes que quieren así compensar la falta de horas de sueño. Y otro tanto pasa con los deportistas -incluso con los adolescentes de 14, 15 o 16 años- que hoy las utilizan habitualmente antes y después de los partidos o de la práctica de ejercicio físico intenso sin ser conscientes de sus riesgos. A pesar de que las bebidas refrescantes con cafeína no son hidratantes -más bien todo lo contrario- y por tanto no sirven para compensar las pérdidas de líquidos. Es más, se obvia que están consideradas sustancias dopantes por el Comité Olímpico Internacional. Y, lo que es más grave, que la mezcla de las bebidas energéticas con alcohol en las noches de los fines de semana comienza a ser una constante entre adolescentes y adultos.
Y eso que en algunos países europeos socialmente avanzados -como Dinamarca, Islandia y Noruega- su venta está ya prohibida por los riesgos que representa su consumo para la salud (en Francia, en cambio, se autorizó el año pasado). Y en Canadá se venden con una advertencia: "No se recomienda a los niños, a las mujeres embarazadas o lactantes y a las personas sensibles a la cafeína ni para ser mezclada con alcohol".
"Sin embargo -critica Pinillos- aquí estas bebidas se pueden comprar en cualquier tienda de chucherías. Y un menor acceder a ellas como si se tratase de un refresco cualquiera cuando no es así ya que contienen un porcentaje de cafeína alto. Para los chavales menores de 18 años las consecuencias pueden ser importantes porque al tener tanta cafeína -una lata de Red Bull contiene aproximadamente la equivalente a dos tazas de café - puede haber sobredosis. Se debería evitar que los más jóvenes las consuman ".
En suma, mientras ríos y ríos de bebidas energéticas fluyen descontrolados por Europa van conociéndose nuevos estudios científicos que recomiendan restringir su consumo. Desde el 2001 -año en el que se produjeron las muertes de tres jóvenes que se relacionaron con estas bebidas- se hallan bajo el punto de mira crítico de los investigadores que no acaban de fiarse del uso que se les está dando y de su rápida expansión.

SOLAS, CON MODERACION Y NUNCA CON ALCOHOL

El último estudio es de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (Maryland, EEUU) y ha sido elaborado por investigadores del Behavioral Pharmacology Research Unit (BPRU), centro internacionalmente reconocido por sus trabajos sobre el impacto de drogas y medicamentos psicoactivos que lleva décadas investigando los efectos de la cafeína. Claro que la situación en Estados Unidos es aún más complicada que en la Unión Europea ya que allí las bebidas energéticas no están obligadas a incluir en sus etiquetas la cafeína que llevan, algo que sí se debe reflejar aquí desde el 2004 aunque luego la realidad sea que las etiquetas ni las leen los consumidores ni se entienden. Porque, ¿de qué sirve que una lata de Red Bull ponga "Cafeína 0'03" o que la de Toro XL diga "Cafeína 34 mg/100"? Legalmente cumplen la norma. pero poco más. Y, por cierto, no deja de ser significativo que en la web canadiense de Red Bull pueda leerse en el apartado correspondiente a los ingredientes del producto las cantidades exactas que lleva - Cafeína: 80 mg. Taurina: 1.000 mg- y que en la web española del mismo producto no se especifiquen.
"El contenido en cafeína de las bebidas energéticas varía -señala Roland Griffiths, uno de los autores del estudio Bebidas energéticas con cafeína. Un problema creciente aparecido en la revista Drug and Alcohol Dependence-. Unas llegan a tener 10 veces más que otras y algunas contienen el equivalente a 14 latas de coca-cola pero la cantidad de cafeína está a menudo sin especificar en la etiqueta y pocas incluyen advertencias sobre los posibles riesgos para la salud de intoxicación por cafeína".
Tampoco las marcas de venta en España y la Unión Europea realizan ningún tipo de recomendación para la salud. Y los expertos consideran que sin un etiquetado claro y suficiente lo más probable es que los consumidores no se den cuenta de si están tomando poca o mucha cafeína. "Es como tomar un vaso de una bebida alcohólica -explica Griffiths- y no saber si es cerveza o whisky ". Según se detalla en el mencionado artículo existen ya informes en los centros de control de salud de Estados Unidos que reportan intoxicaciones por cafeína debido al consumo de bebidas energéticas.
Y si a alguien esto le parece un problema menor le diremos que la intoxicación por cafeína es un síndrome clínico reconocido e incluido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales y en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que se caracteriza por nerviosismo, ansiedad, inquietud, insomnio, malestar gastrointestinal, temblores, agitación psicomotora, taquicardias y arritmias cardíacas que en caso de complicación podrían, en casos extremos, llevar a la muerte.
Los autores del estudio apuntan que la primera preocupación se deriva de la cantidad de cafeína que los jóvenes pueden estar consumiendo día tras día sin control por el peligro de que pueda provocarles una intoxicación grave e, incluso, adicción. "A dosis altas -comenta el doctor Pinillos- la cafeína produce adicción; diferente a la del alcohol u otras drogas pero que, en cualquier caso, implica igualmente dependencia".
La segunda preocupación que expresan los autores del estudio tiene que ver con la costumbre actual -cada vez más habitual entre los jóvenes- de cambiar las pistas deportivas por los locales de ocio para consumir estas bebidas mezclándolas con alcohol sin ser conscientes tampoco del riesgo que asumen al hacerlo. "El alcohol añade otro nivel de peligro -cuenta Griffiths- porque la cafeína a altas dosis puede dar a los usuarios una falsa sensación de alerta que proporciona incentivos para conducir un automóvil o ponerse de cualquier otra manera en peligro".
El tercer motivo de preocupación reflejado por los investigadores de la Johns Hopkins tiene que ver con la posibilidad de que el consumo de estas bebidas acabe suponiendo un paso hacia otras sustancias estimulantes aún más lesivas. Griffiths señala en el artículo que la mayoría de las bebidas anuncian sus productos como potenciadores y estimulantes, una estrategia de marketing que puede acabar empujando a los jóvenes a abusar de otras sustancias estimulantes aún más fuertes como algunos medicamentos con receta, anfetaminas y metilfenidato. "Un estudio del 2008 entre 1.253 estudiantes universitarios -se dice en el estudio- encontró que el consumo de bebidas energéticas predijo de forma significativa el consumo posterior de estimulantes sin prescripción médica planteando así la preocupación de que puedan servir como ' puerta de entrada ' al abuso de drogas más serias ".
Agregaremos que también en el 2008 investigadores del Instituto de Adicciones de la Universidad de Búfalo -sita en el estado de Nueva York (EEUU)- publicaban un trabajo titulado Bebidas energéticas, raza y conductas problemáticas entre los estudiantes universitarios según el cual la frecuencia en el consumo de bebidas energéticas se asoció con el uso de marihuana, la asunción de riesgos sexuales, peleas, no usar el cinturón de seguridad en el automóvil y la asunción de otros riesgos de forma más amplia que el conjunto de los universitarios. Siendo especialmente significativo que en el caso de los universitarios de raza blanca además se asociaba con problemas de alcohol y el uso ilícito de medicamentos con receta. "Estos hallazgos -señalaban en sus conclusiones los investigadores- sugieren que el consumo de bebidas energéticas está estrechamente asociado con un síndrome de problemas de comportamiento, especialmente entre los blancos. El consumo frecuente de bebidas energéticas puede servir como un indicador útil de detección para identificar a los estudiantes en riesgo de uso de sustancias y / o otros comportamientos que pongan en riesgo su salud ".

CUIDADO CON EL CORAZÓN

Como tantas veces ocurre el trabajo de los investigadores de la Johns Hopkins no ha servido sino para remachar en el mismo clavo una vez más. Todos los estudios realizados durante los últimos años señalan la peligrosa deriva que se está produciendo con el consumo de las bebidas energéticas sin que nadie haga nada por evitarlo. Y eso que se viene avisando desde hace tiempo de la posible relación de un consumo alto con problemas cardíacos, sobre todo en personas propensas a los mismos. El problema, como bien demuestran los numerosos casos de deportistas fallecidos de muerte súbita, es que no siempre una patología cardiaca puede ser previamente reconocida.
También el doctor Scott Willoughby -del Centro de Investigación Cardiovascular en el Royal Adelaide Hospital, afiliado a la Universidad de Adelaida (Australia)- afirmaría en el 2008 tras efectuar otro estudio entre jóvenes universitarios estar "alarmado" por los resultados obtenidos. Sugiriendo por ello -además de lo ya mencionado- que todo adulto que haya tenido en alguna ocasión cualquier síntoma de disfunción cardíaca debería abstenerse de beber bebidas energéticas. Willoughby explicó que su interés en este tema lo había suscitado el conocimiento de distintos casos de muertes de jóvenes que habían consumido bebidas energéticas muy poco antes. En el 2007, por ejemplo, un joven jugador de baloncesto de 18 años murió después de consumir varias latas de una conocida bebida energética. Y en julio del 2001 un varón australiano de 33 murió de un ataque al corazón tras tomarse un vodka mezclado con otra. " Después de ingerir una simple lata -explicó Willoughby a la prensa- un joven parece presentar el tipo de perfil que uno espera ver en alguien con enfermedad cardiovascular. Las personas que ya tienen enfermedades cardiovasculares deberían quizás hablar con su médico antes de volver a tomarse una Red Bull".
Añadiremos que un equipo de investigación del Henry Ford Hospital de Detroit (EEUU) presentó un documento a la American Heart Association en el 2007 que ya sugería que las bebidas energéticas pueden aumentar el ritmo cardiaco y los niveles de presión arterial. El doctor James Kalus -director de aquel estudio- afirmó en declaraciones recogidas por el diario The Telegraph lo siguiente: "Los sujetos de este estudio eran personas sanas con una presión arterial baja. El aumento de la frecuencia cardiaca y la presión arterial no fueron lo suficientemente importantes como para que les ocurriera nada pero una persona con medicación para la hipertensión o con enfermedades cardiovasculares puede que no responda tan bien. Si bien las bebidas energéticas aumentan la concentración y la vigilia las personas con factores de riesgo cardiacos pueden provocar reacciones adversas. Se debería pues advertir a las personas con presión arterial alta y enfermedades del corazón de que es mejor que eviten estas bebidas". A los 15 adultos jóvenes sanos del estudio se les pidió que se abstuvieran durante dos días de tomar cafeína antes de medírseles la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Después bebieron dos latas al día de una bebida energética que contiene 80 mg de cafeína y 1.000 mg de taurina (la misma cantidad que hay en una lata de Red Bull). Pues bien, al séptimo día la presión arterial sistólica había aumentado un 9,6% y la presión diastólica un 7,8%. Asimismo aumentó el número de latidos del corazón.
En fin, los posibles efectos contraproducentes para las personas con problemas de tensión y/o corazón que pueden derivarse de mezclar cafeína y taurina son bien conocidos en la literatura científica y han sido recordados en diversas ocasiones por la American Heart Association.
Otro dato que suele ser ignorado por quienes practican deporte es que este tipo de bebidas no son hidratantes y, por tanto, no sirven para recuperar líquidos tras un partido o un esfuerzo intenso. "Cuando uno hace un ejercicio excesivo se produce deshidratación -señala Miguel Ángel Pinillos- pero estas bebidas lo único que hacen es aumentar la glucosa; poco pueden hacer por recuperar el sodio y el potasio que se pierde con el sudor".

BEBIDAS ENERGETICAS Y ALCOHOL

En todo caso, el principal comportamiento de riesgo asociado a estas bebidas -por cantidad y calidad- es su asociación en las noches de marcha con alcohol. En una encuesta realizada en el 2007 entre 496 estudiantes universitarios norteamericanos el 51% reconoció que había consumido al menos una lata de bebida energética el mes anterior. Bueno, pues el 29% de los mismos reconoció haber tenido alguna reacción adversa y el 19% dijo que había tenido taquicardia tras consumirla.. Esa misma encuesta reveló que el 27% de los encuestados había mezclado su bebida energética con alcohol al menos una vez durante el mes previo a la encuesta.
Maria Lucia O. Souza-Formigoni, profesora asociada del Departamento de Psicobiología en la Universidad Federal de Sao Paulo (Brasil), dirigió otro interesante estudio sobre el tema en el 2006 que se publicó en Alcoholism: Clinical and Experimental Research. "En Brasil, al igual que en otros países -explicaría Souza-Formigoni-, los jóvenes creen que Red Bull y otras bebidas energéticas evitan la somnolencia causada por las bebidas alcohólicas y aumentan su capacidad para bailar toda la noche. De hecho muchos clubes nocturnos ofrecen esa mezcla entre sus cócteles". Así que decidió investigar el tema. Y para ello sometió a los voluntarios a tres sesiones dejando siete días de diferencia entre ellas, Primero les hizo beber sólo una bebida alcohólica, luego sólo una bebida energética y, finalmente, una bebida alcohólica mezclada con una energética. A continuación valoró posibles intoxicaciones, la coordinación motora, la concentración de alcohol en el aliento y el tiempo de reacción visual.
"Vimos dos puntos clave -contaría Souza-Formigoni al explicar los resultados-. Aunque la ingesta combinada disminuye la sensación de cansancio y somnolencia las medidas objetivas mostraron que no se pueden reducir los efectos nocivos del alcohol sobre la coordinación motora. En otras palabras, la persona está borracha pero no se siente tan borracho como realmente está. El segundo punto importante es que muchos consumidores utilizan las bebidas energéticas para reducir su fuerte sabor y ello puede llevar a aumentar peligrosamente la cantidad y la velocidad de la ingesta". Resumiendo, tres fueron las principales conclusiones de su trabajo:
1) El consumo combinado de alcohol y una bebida energética reduce significativamente la percepción del dolor de cabeza, debilidad, sequedad de boca y deterioro de la coordinación motora.
2) La bebida energética, sin embargo, no reduce significativamente los déficits relacionados con el alcohol en medidas objetivas de coordinación motora y tiempo de reacción visual.
3) Las personas que combinan alcohol con bebidas energéticas pueden tener mayor riesgo de problemas -por ejemplo, accidentes automovilísticos- ya que creen que se encuentran físicamente bien.
"El alcohol -explicó Souza-Formigoni- no sólo afecta a la coordinación motora sino también a la capacidad de decisión porque incide en un área importante del cerebro: la corteza prefrontal. Los conductores ebrios no sólo son peligrosos debido a que sus reacciones se retrasan y la coordinación motora está afectada sino principalmente debido a que su capacidad de evaluar los riesgos a los que se exponen también se ve afectada. La gente necesita entender que la 'sensación' de bienestar no significa necesariamente que no estén afectados por el alcohol. A pesar de lo bien que se puedan sentir no deberían beber y conducir. Nunca".
Lamentablemente son muchos los jóvenes que no escuchan. Todos los días -especialmente los fines de semana- los servicios de Urgencias atienden a personas en estados alterados provocados por el consumo de este tipo de bebidas mezcladas con alcohol. "Cada vez es más habitual que nos lleguen personas -nos comentaría Miguel Ángel Pinillos, especialista en Urgencias- con síntomas de nerviosismo, palpitaciones, sudores y el corazón algo acelerado. Ignoran que el simple consumo de dos o tres bebidas energéticas puede producir esos síntomas. Muchas veces pensamos que son producto de un exceso de bebidas de cola pero debiéramos empezar a pensar más en este tipo de bebidas estimulantes. Bien por un consumo excesivo de las mismas, bien por su mezcla con alcohol"

SUECIA E IRLANDA

Como antes adelantamos, ya en el 2001 la muerte de tres jóvenes en poco tiempo llevó a algunas autoridades sanitarias nacionales europeas a plantearse si sus fallecimientos podían tener que ver con el hecho de que todos ellos habían ingerido varias latas de una bebida energética -solas o mezcladas con alcohol- pero los fabricantes alegaron que no había prueba alguna de que las muertes estuvieran vinculadas con su producto. Y ciertamente nada pudo demostrarse. Dos habían muerto en Suecia tras beber vodka con Red Bull y de ahí que la Swedish National Food Administration (NFA) Administración Nacional Sueca de Alimentos (NFA) iniciase la investigación. Y si bien es verdad que no se pudo establecer que la bebida fuera la causa se decidió emitir una advertencia pública avisando a la gente de que no tomara Red Bull mezclada con alcohol o tras haber hecho un ejercicio intenso. El otro caso fue el de Roos Cooney, un joven jugador de baloncesto de 18 años de Limerick (Irlanda) que un año antes murió sobre la cancha tras haberse bebido cuatro latas de Red Bull antes de un partido. Y tampoco se pudo establecer relación causa-efecto clara por lo que el informe del forense se limitó a señalar "muerte súbita por parada del corazón tras un episodio de arritmia cardíaca". Sin embargo, tras su muerte la Junta de Protección de Seguridad Alimentaria de Irlanda presentó un informe con las siguientes recomendaciones:
-Las bebidas energéticas deben ser etiquetadas con la indicación de que son inadecuadas para los niños (menores de 16 años de edad), las mujeres embarazadas y las personas sensibles a la cafeína.
-Las bebidas energéticas deben ser clasificadas con otras bebidas de alto contenido en cafeína.
-Debe tenerse precaución con el consumo de bebidas energéticas junto con alcohol.
-No deben ser consumidas de forma rápida asociadas al deporte y al ejercicio.
-No son aptas como agentes de rehidratación tras practicar deporte o hacer ejercicio físico.
Verdades tan evidentes que siguen siendo válidas ayer como hoy, en Irlanda como en España. Los portavoces de las empresas fabricantes siempre han negado la relación de causalidad con cualquier tipo de incidente aduciendo que el contenido de cafeína raramente supera el de una taza de café. Y quizás sea excesivo cargar las tintas sobre estas bebidas -como lo sería cargarlas sobre el café- pero mientras no exista una verdadera cultura de salud pública -que no existe y menos entre los jóvenes- no estaría de más obligar a los fabricantes a incluir al menos en los envases alguna advertencia como ésta: "No se recomienda que esta bebida la ingieran los niños, las mujeres embarazadas o lactantes y las personas sensibles a la cafeína ni que se mezcle con bebidas alcohólicas".
Es lo mínimo que habría que exigir a nuestras autoridades sanitarias con los datos que existen a día de hoy.

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