La llamada contrarrevolución del capital que se inicio con el surgimiento del neoliberalismo en Chile, y que se expandió durante las décadas de los años ochentas y noventas por los países de la américa morena y el mundo, ha llegado a su fin.
Por años las clases y grupos subalternos debieron soportar la ofensiva capitalista generada con el fracaso de los intentos de transformación social de los años sesenta y setenta desde una trinchera defensiva; la resistencia al avance del neoliberalismo debía realizarse en conjunto con el trabajo por mantener vivas las organizaciones políticas y sociales.
La legitimación del sistema se consolidó por la fuerza y se extendió hasta la presente crisis que ha cuestionado al libre mercado. Así ha sido el mismo devenir histórico el que ha dejado obsoleta la tesis del fin de la historia.
Pero hoy la presente crisis global (que también adquiere dimensiones alimentarias y ecológicas) de una forma de producción capitalista, caracterizada por la supremacía del capital financiero y el aumento de los niveles de explotación (sobre todo para los trabajadores de los países de la periferia del capitalismo), ha abierto un nuevo momento histórico proclive a la critica desde el sentido común de la sociedad hacia el sistema de manera soterrada aún, pero que abre el túnel mediante el cual pueda circular el topo infatigable de la revolución, por supuesto con un número mucho mayor de dificultades con respecto a las pasadas crisis capitalistas; el gran entramado de la sociedad civil con sus aparatos ideológicos genera una superestructura- que ya Gramsci comprendió- hacia más difícil resolver las crisis a favor de las clases subalternas. El italiano dio cuenta de ello hace hace más de 75 años por lo cual actualmente las defensas del sistema frente a los momentos de crisis son aun mayores.
El Sistema y las clases dirigentes siempre han dado respuesta a sus propias crisis de dominación por medio de transformaciones en el mismo capitalismo y de “revoluciones pasivas”. El concepto de revolución pasiva o “revolución restauración” fue acuñado por Gramsci, y hace referencia a los momentos en que las clases dominantes dan cuenta de sus perdidas de consenso en la sociedad y modifican la estructura del Estado o conceden ciertas demandas políticas o sociales a los sectores populares para asegurar el mantenimiento del control , y con ello la estabilidad del sistema.
De esa situación debemos estar alerta quienes luchamos por un nuevo orden social anticapitalista y socialista pues en los meses siguientes se profundizarán dos aspectos: el clientelismo del gobierno entregando las sobras del dinero destinado al salbataje de las ganancias de las empresas a los ciudadanos para mantener el consenso social en torno al sistema y evitar que se profundice/b> una crisis de dominación ideológica en la sociedad y, por otro lado, la revolución pasiva como forma de control que desmovilice a los sectores que luchen por el efecto de la crisis en sus vidas, efecto que no se vive en cifras, ni en calculadoras macro económicas, sino que de manera directa: alzas de los alimentos, el endeudamiento que aflige a la gran mayoría de los chilenos, el strés por no poder pagar deudas, la cesantía, los bajos salarios, inseguridad laboral, un futuro laboral difuso para los estudiantes universitarios, etc. Ademas, por supuesto, de la violencia legal de las fuerzas militarizadas del estado que están actuando de manera más focalizadas sobre quienes realizan acciones de protesta.
Hoy la tarea debe ser el avanzar en conquistar y -porque no- generar aquellos espacios desde donde se disemina la ideología del miedo y la obediencia: medios de comunicación, centros de estudios, escuelas de saber popular, preus populares, bibliotecas, etc. Debemos multiplicar la inserción social de los revolucionarios apuntando a copar las diversas trincheras de la sociedad civil, asumiendo una guerra de posiciones que permita poco a poco ir ganando espacios en los aparatos que con su acción mantienen la dominación en una sociedad que hace suya los postulados del capital. Tarea que para nada es fácil, ni de rápidos resultados, pero que se presenta hoy más accesible producto de la crisis capitalista. Esa tarea de lucha ideológica es imprescindible en Chile, donde la sociedad civil es un complejo entramado.
Por eso es importante el paso dado por un sector de la izquierda que se lanzo a la tarea de conformar una federación que hoy recibe el nombre de Movimiento de los pueblos y los trabajadores (MPT), y que tiene por objeto poner fin al sistema capitalista. Será necesario que dicha federación logre sobrellevar las contradicciones que en su interior se anidan; donde nuevas generaciones de luchadores, se unen a aquellas generaciones que tienen batallas históricas en sus cuerpos, donde la forma de organización jerarquizada se une a organizaciones a orgánicas más horizontales, un espacio en que diferentes identidades políticas se encuentran bajo la premisa del respeto de la independencia orgánica, única forma, por ahora, de encuentro que permita un proceso de entendimientos mayores a futuro. Sin lugar a dudas esta federación asumirá un rol importante en las luchas sociales contra las revoluciones pasivas que quieran realizar los dueños del poder, no aceptando migajas, sino luchando por conquistar una hegemonía socialista para que todo sea de todos.
Revoluciones pasivas, anticapitalismo, y la actualidad de Chile
jueves, 23 de abril de 2009
en 23.4.09
Etiquetas: capitalismo, Lo libertario, rebelionorg
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